martes, 23 de junio de 2015

compañia poética

a veces la soledad es la que mejor te puede aconsejar, porque preguntas y preguntas a unos y otros , y aunque les preguntas , estás esperando una respuesta que no te dan, no es la que esperabas oír. Si tu misma tienes la respuesta, porqué preguntas? Tal vez porque no la tengas definida, tal vez porque necesites escucharla en boca de otros, tal vez porque te de miedo plantearte en soledad las cuestiones importantes de la vida, como hacia donde te lleva tu búsqueda o que estás buscando exactamente.
Yo creo que por mucho que pregunte y que por mucho cariño que me quieran dar en las respuestas mis amigos y las personas a las que quiero, la mejor respuesta la escucharé en soledad, en silencio, y vendrá de dentro de mí misma. Aún así, esta mañana, he decidido buscar algo de compañía poética y he ido a la biblioteca a buscar libros, a buscar respuestas en las palabras, en este caso en concreto en los versos de tres poetas que tienen cada uno su propia personalidad bien definida y que de alguna manera siempre fueron buscando en su versos, proyectando en sus versos (como hacemos todos, supongo) sus inquietudes, sus dudas, sus angustias, aunque también sus sueños y su propia voz, que por ejemplo en el caso de Pessoa, era a la vez, muchas voces. Pessoa, los Pessoas, me acompañaban en el café de esta mañana. Y también A.Pushkin, que en sus versos me desvelará cosas sobre la inquietante San Petersburgo donde las fuerzas de la naturaleza y de los zares chocaban y donde el individuo parecía que poco tenía que hacer más que aguardar al final del combate. También un poeta chileno se hace preguntas y observa mundos posibles a través del espejo. Lo he descubierto esta mañana, Oscar Halhn y se pregunta con quien se comunican los espejos comunicantes. ¿Qué hay más allá de los espejos? ¿Qué reflejan? Nuestros propios miedos, nuestras inquietudes, que parecen que en cualquier momento cobrarán vida y nos golpearán, empujandonos a nosotros a vivir al otro lado. Dudas, inquietudes, ganas de gritar, ganas de reír y de llorar cuando el silencio era lo que imperaba en casa, eso es lo que me llevó a mi a escribir. Esa búsqueda es la que hace que siga haciéndolo, porque mi propia voz vuela más libre que nunca en las palabras, en la literatura, en los versos. La poeta no tiene miedo a mostrarse tal como es, ni a desnudarse. Por eso se hace poeta. Y la persona cuando quiere gritar, cuando quiere llorar, cuando quiere hacerlo tan fuerte como para romper el aire, y al mismo tiempo que nadie la escuche, entonces la persona se convierte en poeta y los versos son armas y son bálsamos. Pessoa decía que él no era poeta por ambición, sino que era su forma de estar en soledad. Algo parecido me pasa a mí, con los versos, me da un poco menos miedo estar sola y enfrentarme a mí misma. O no enfrentarme. Simplemente aceptarme. Y seguir buscando. Seguir luchando. Seguir soñando. Seguir caminando por mundos encerrados detrás de los espejos, o detrás de las misteriosas estepas rusas. Porque la Literatura encierra todos los mundos posibles que uno quiera imaginar. Y lo que es más importante, porque dentro de la Literatura uno se puede desnudar, puede despojarse de las máscaras, puede ser tan ángel o demonio como se le antoje, tan grotesco o sensible como le plazca. Y no se le juzgará. Nadie. Ni siquiera uno mismo. En la Literatura uno mismo al final lo que hace es descubrirse en otros y finalmente aceptarse.

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