¿Una
motivación para salir de casa a dar una vuelta puede ser ir a
comprarte la revista en cuya portada sale Miley Cyrus haciendo
top-les? Puede ser. Motivaciones más absurdas se han visto. Como la
Operación Bikini, los Buenos Propósitos de Año nuevo, medalla de
oro y plata en motivaciones absurdas. ¿Y la de cobre? Bueno, de esa
ya habrán dado cuenta los chatarreros.
Una
motivación para seguir escribiendo poesía, pensamientos, prosa, lo
que venga a la cabeza es tener una especie de amarre que no te deje
derivar en una realidad llena de personas feas, muy feas, con miradas
de cartónpiedra y sonrisas de ídem que sueltan palabras feas,
pirañas que se devoran entre ellas y se destrozan las tripas. Y
disimulan la sangre y el hedor con perfumes caros y ropa elegante
tejida por esclavos. Esclavos que no son pirañas, aunque los tienen
hacinados como animales. Y esos esclavos no son conscientes, pero su
piel y su alma encierran un misticismo que ninguna de las cínicas
criaturas de cartónpiedra, pirañas viscosas, tendrán nunca. Esos
esclavos aparecen en mi mente envueltos en una especie de
luminosidad que les hace resplandecer, aunque sus amos se empeñen en
echarles mierda e intoxicarles como a martires involuntarios y
frágiles. Ellos no saben mucho de las pirañas. Solo cosen. Sudan.
Respiran química asesina.
Y
mientras, fuera, en algún lugar más perfumado donde siempre suena
una absurda melodía de ascensor, las pirañas esperan. Sangre.
Vísceras. Esperan. Hablan en un rincón y otro de manera informal.
Ríen. Una risa chirriosa, casi demoníaca. Tal vez sea la hora del
cocktail. O alguna fiesta vanal. Alguno de ellos todavía se atreve a
decir que si tuvieran TODAVÍA más dinero, sus problemas serían
menos. Momentos de tensión. A veces se pelean entre ellos. Se dejan
de hablar durante unos segundos. Incluso durante unos segundos dejan
de chupar sus cócteles. Pero luego otra vez risas relajadas. Miradas
de hienas distendidas. Espera. No eran hienas. Eran pirañas. Da
igual. Se parecen. Hablan de estas trivialidades, de lo único que
son capaces. Y si no están de fiesta ni inagurando nada fashion,
descansan y toman algo en alguna terraza del centro. Lamentando no
tener más dinero. Pero se permiten tener ensoñaciones. Sí. También
sueñan. Y lanzan un suspirito. Algún día serán los amos. Los
putos amos. Aunque hay mucha competencia. Tanta que acabarán
devorándose como pirañas. Es inevitable. Lo saben. El del traje
azul marino y camisa salmón quizá se coma a la impoluta señora
vestida de color burgundi y perlitas y ella le coma a él desde
dentro. Menudo banquete. Ahora solo se toman algún gintonics. En
alguna terraza. Yo los escucho y doy otro sorbo al café. No puedo
evitar escuchar sus palabras. Palabras feas. No puedo evitar
escribir. Algo de alivio. Mis manos hacen así que me evada de una
realidad donde las tetas de Miley Cyrus(me he comprado la revista)
provocan más indignación que todo el hambre y sufrimiento de los
esclavos místicos de tierras lejanas. Escribo con las manos
manchadas, no de sangre ni de veneno como las suyas, sino de la tinta
de mi bolígrafo barato. Negra tinta, la mancha negra, una especie de
huella que evoca los negros humos de los dorados esclavos.
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