domingo, 13 de septiembre de 2015

las tetas de miley cyrus , las pirañas y los esclavos

¿Una motivación para salir de casa a dar una vuelta puede ser ir a comprarte la revista en cuya portada sale Miley Cyrus haciendo top-les? Puede ser. Motivaciones más absurdas se han visto. Como la Operación Bikini, los Buenos Propósitos de Año nuevo, medalla de oro y plata en motivaciones absurdas. ¿Y la de cobre? Bueno, de esa ya habrán dado cuenta los chatarreros.
Una motivación para seguir escribiendo poesía, pensamientos, prosa, lo que venga a la cabeza es tener una especie de amarre que no te deje derivar en una realidad llena de personas feas, muy feas, con miradas de cartónpiedra y sonrisas de ídem que sueltan palabras feas, pirañas que se devoran entre ellas y se destrozan las tripas. Y disimulan la sangre y el hedor con perfumes caros y ropa elegante tejida por esclavos. Esclavos que no son pirañas, aunque los tienen hacinados como animales. Y esos esclavos no son conscientes, pero su piel y su alma encierran un misticismo que ninguna de las cínicas criaturas de cartónpiedra, pirañas viscosas, tendrán nunca. Esos esclavos aparecen en mi mente envueltos en una especie de luminosidad que les hace resplandecer, aunque sus amos se empeñen en echarles mierda e intoxicarles como a martires involuntarios y frágiles. Ellos no saben mucho de las pirañas. Solo cosen. Sudan. Respiran química asesina.
Y mientras, fuera, en algún lugar más perfumado donde siempre suena una absurda melodía de ascensor, las pirañas esperan. Sangre. Vísceras. Esperan. Hablan en un rincón y otro de manera informal. Ríen. Una risa chirriosa, casi demoníaca. Tal vez sea la hora del cocktail. O alguna fiesta vanal. Alguno de ellos todavía se atreve a decir que si tuvieran TODAVÍA más dinero, sus problemas serían menos. Momentos de tensión. A veces se pelean entre ellos. Se dejan de hablar durante unos segundos. Incluso durante unos segundos dejan de chupar sus cócteles. Pero luego otra vez risas relajadas. Miradas de hienas distendidas. Espera. No eran hienas. Eran pirañas. Da igual. Se parecen. Hablan de estas trivialidades, de lo único que son capaces. Y si no están de fiesta ni inagurando nada fashion, descansan y toman algo en alguna terraza del centro. Lamentando no tener más dinero. Pero se permiten tener ensoñaciones. Sí. También sueñan. Y lanzan un suspirito. Algún día serán los amos. Los putos amos. Aunque hay mucha competencia. Tanta que acabarán devorándose como pirañas. Es inevitable. Lo saben. El del traje azul marino y camisa salmón quizá se coma a la impoluta señora vestida de color burgundi y perlitas y ella le coma a él desde dentro. Menudo banquete. Ahora solo se toman algún gintonics. En alguna terraza. Yo los escucho y doy otro sorbo al café. No puedo evitar escuchar sus palabras. Palabras feas. No puedo evitar escribir. Algo de alivio. Mis manos hacen así que me evada de una realidad donde las tetas de Miley Cyrus(me he comprado la revista) provocan más indignación que todo el hambre y sufrimiento de los esclavos místicos de tierras lejanas. Escribo con las manos manchadas, no de sangre ni de veneno como las suyas, sino de la tinta de mi bolígrafo barato. Negra tinta, la mancha negra, una especie de huella que evoca los negros humos de los dorados esclavos.

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