miércoles, 13 de mayo de 2015

ingenuidad

Dicen que la infancia es la edad de la ingenuidad, la única época en tu vida en la que creerás en la magia, en seres increíbles...y que luego llega algún adulto y te revela toda la verdad, o una parte de la verdad, o simplemente lo que esos adultos piensan que es la verdad, porque ni ellos saben que es la verdad aunque te la quieran imponer a fuego.
Por ejemplo, se supone que es una tragedia cuando a un niño le dicen que los Reyes Magos no existen (a Papa Noel  no lo menciono, me parece demasiado destroyer para hablar de él a la vez que hablamos de infancia). En fin, la verdad es que no es una tragedia, simplemente son cosas que pasan. Como hacerse adulto, no es ninguna tragedia, es algo natural. Querer ser un niño toda la vida, eso sí es una tragedia. Y que el mundo esté dirigido por niños grandes, niños caprichosos con dinero, eso todavía es más trágico.
El caso es que hay niños que tienen claro desde el principio que los Reyes Magos no existen. No sé si es una putada. Lo que es una putada es saber que los Reyes Magos no existen y descubrir que los Reyes Magos no son los padres. ¿Entonces qué coño son los Reyes Magos? Que me lo expliquen. Un ente de plástico, expuesto en baldas de centros comerciales. O dulcemente cuidados en jugueterías de toda la vida. Los Reyes Magos son los juguetes que te regalan de niño y la ilusión que te hace pensar en ese día en que los estrenarás. Pero si los Reyes Magos tampoco son los padres, ¿dónde irán a parar los juguetes? Un niño sin juguetes. Eso podría ser algo parecido a una tragedia. Supongo. Por suerte en mi caso no llegue a experimentarla. Los Reyes Magos, siendo tres, eran uno, era mi abuelo. Melchor, Gaspar y Baltasar. O simplemente Manolo. La persona cuyo milagro fue aportar un poco de luz naíf a una cosa tan destroyer como fue mi jodida infancia.

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